Crecí entre telas, texturas, colores y el bullicio imparable de la tienda de mis papás en el centro histórico de la CDMX. Mientras otros niños jugaban con muñecas o balones, mi hermana Rocío y yo hacíamos de las cajas de producto, los ganchos y las telas, nuestro juego, nuestra casa de muñecas; nos divertíamos creando historias con las texturas que nos encontrábamos a nuestro alrededor. Ver pasar a tanta gente emocionada a través de las vitrinas de la tienda queriendo comprar uno o mil vestidos de la tienda de mis papás, me hizo ser consciente de que la moda, la belleza y la imagen, eran algo importante y algo de lo cual quizá jamás iba a poder deslindarse mi corazón. Hoy entiendo que simplemente ese fue mi destino.
Gracias a mis papás, crecí con la absoluta consciencia del compromiso que era tener un negocio propio y comprendí con el tiempo y su ejemplo, que la determinación, la fe, la pasión por lo que uno hace y el amor que pones en tus proyectos, te llevan invariablemente al camino del éxito, ese camino que no es plano del todo, viene con cuestas arriba y bajadas, pero siempre lleno de satisfacción.
El inicio de Lila
Aquella pequeña tienda en la calle de Onírico se llamaba Chula, a los pocos meses y gracias a la aceptación de este concepto en Monterrey, abrí una segunda tienda, se llamaba Coco Dress, en esta tienda además de vestidos de fiesta, decidí diseñar desde cero vestidos que me transmitieran la emoción que se vive en un evento especial, que me transportaran a un mundo utópico, alegre, donde la protagonista de la historia de ese día fuera la persona que portara ese vestido, que desde su conceptualización hasta su construcción estaba impregnado de pura energía linda, de la esperanza de que aportaría algo en ese día especial, tal vez solo la sensación de sentirte hermosa y única o quizá la idea absoluta de que eres hermosa y todas y todos somos capaces de proyectar belleza en este mundo, no solo aquella que se ve sino la que se siente y se transmite, la que vive en nuestro corazón.
La evolución de nuestra marca
En septiembre de 2011, di un paso que cambiaría la historia pero jamás la intención: nos mudamos a la Ciudad de México, a una de las avenidas más emblemáticas del país, Av. Presidente Masaryk. No fue solo un cambio de dirección, fue la apertura de un nuevo capítulo. Un capítulo lleno de nuevas historias que comienzan frente a un espejo, de vestidos que acompañan promesas, celebraciones y momentos que se quedan para siempre. Porque cada vestido Lila no solo se usa… se vive y deja una huella en el corazón de quien lo porta y en el de todos los que la ven brillar.
Un nuevo capítulo
Un capítulo lleno de nuevas princesas contemporáneas, de historias que comienzan frente a un espejo, de vestidos que acompañan promesas, celebraciones y momentos que se quedan para siempre. Porque cada vestido Lila no solo se usa… se vive y deja una huella en el corazón de quien lo porta y en el de todos los que la ven brillar.